Sharon Harper

Festival OFF PHE 10

Flug

1.6. – 31.7.2010

©Sharon Harper “Germany, Mise en scène. i”

©Sharon Harper “Germany, Mise en scène. i”

Cierre los ojos y siga mirando. Hay un fluctuante monocromo, una imagen que está fuera y dentro a la vez. Desde dentro de este espacio, trate de rememorar una imagen, tal vez un lugar en el que haya estado. ¿Dónde era? ¿Cuándo? ¿Lo puede retrotraer enseguida? Para mí, está la turbulencia de formar en un campo grisáceo, la mugre de la memoria. Como el avance de cualquier viajero, la llegada es algo que está siempre por venir, una promesa.
Los paisajes fotográficos de Sharon Harper son documentos rudimentarios de ella misma pasando rápidamente a través de Alemania. Imagínela, mirando a través de la lente de una cámara enganchada a la ventana de un tren que pasa a 300 km/hora, rodeada de intercambiadores de camino al trabajo. Ella no puede ver que lo que se aproxima es un bosque de árboles, la línea de una carretera, formaciones de nubes. Por lo general, dispara hacia el sol, lo que reduce su visión del paisaje a su paso convirtiéndolo en diseños de brillos y sombras. Seguramente puede notar que los pasajeros miran su mirada, ya que lo que ella trata de hacer es capturar en la película lo que va a venir antes de que pase.

El escritor Quentin Crisp dijo que él viajaba no para ver, sino para que le vieran. Para Harper, el viaje es lanzarse a través del escenario como un punto de partida, una forma de recoger la materia prima que finalmente desenvolverá a través de procesos laboriosamente lentos en el cuarto oscuro. Ambas son situaciones de aislamiento que se rellenan con anticipación, soledad, aburrimiento y expectación. Estos son los sentimientos que inspiran sus fotos, que con negros aterciopelados, grises sucios y blancos suaves son ficciones de lugares de la combinación construida de lo que es (el lugar físico) y cómo nos sentimos (historias, proyecciones, fantasías, temores).

Harper afirma que cuando toma imágenes “el entorno que me rodea desaparece. Me meto en mi misma y se me va la cabeza” y que estar en el tren es “una manifestación física de un proceso en el que de das cuenta de que tú misma llegas a ti misma.” Su proyecto mide tanto las distancias físicas como las psíquicas y da valor a lo efímero. Tal vez, no es sorprendente que describa su proceso de impresión como “un dibujo químico de la imagen desde el propio papel. Su aspecto no es el de la lámina de contacto. Pongo toda la luz posible que puedo encima y, a pesar de ello, consigo una imagen. Lo que intento es sacarlas del papel.” Las impresiones al final poseen la calidad gráfica de los dibujos al carboncillo de exploración, con polvillo de tiza frotado en el grano del papel, líneas oscuras que sugieren una forma, y reflejos crespos recogidos con una goma. En este sentido, la obra de Harper contiene cierta melancolía diáfana del pictorialismo que se desarrolló en las últimas décadas del siglo XIX y conocido por llegar al estado de ánimo y al misterio. Ella lo consigue añadiendo el elemento de la supervelocidad (el tren) a la historia de los exámenes fotográficos del movimiento (principalmente realizados al pararlo, como en las secuencias de humanas y animales de Eadweard Muybridge y la hechicería estroboscópica de Harold Edgerton), que le permite participar de dos tradiciones distintas. A esto yo añadiría una tercera, la poesía, con su capacidad para iluminar mundos interiores y exteriores.

Con la serie Flug (Vuelo), Sharon Harper ofrece fragmentos de lo fugitivo – el artista en tránsito, solo, pero rodeado de un público, ya que recoge pruebas rayadas de lugares en el tiempo. Sus paisajes son densas abstracciones y representaciones porosas; difíciles de agarrar y con probabilidad de cambio, dispersas, o retiradas hacia la única combinación de oscuridad y luz de la que provenían. Nos recuerdan que moverse es tanto pasar de un lugar a otro en movimiento continuo como hacer surgir y agitar las emociones.

Stuart Horodner

Galería Arnés y Röpke

Juan de mena, 12.1D.28014

Madrid

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