Huellas

Patricio Abad


Del 4 al 29 de Noviembre

©®Patricio Abad

Patricio Abad camina hacia la abstracción. La serie Restos no es el inicio ni la clausura de esa ruta, ni probablemente responde a un objetivo o proyecto previo. Hay indicios de abstracción en algunas de sus obras, como la serie Detalles, que el mismo barroquismo de la emergente pluralidad proteica del detalle confunde el esplendor de lo figurativo y engarza la sombra de la duda figurativa, a pesar del gran número de detalles que certifican ese anclaje figurativo. En la serie Marea el artificio de la belleza marina de alta mar no descarga del todo la imaginación figurativa, hay aquí ya no sólo indicios sino también síntomas de indefinición, que superan la tensión imitativa de lo real.

Saber nombrar, saber decir lo que es, y saber entender de forma distinta la imagen tan sólo por el título que se le asigna, un paratexto, permite la reinvención de la imagen. Patricio Abad quiere que su obra sea vista bajo las condiciones pragmáticas de su creación y su exhibición. Bien pudiera ponerle un norte a la imagen. La interpretación es libre. El acto de leer la obra fotográfica es también libre, pero no sin condiciones. La lectura se rige por los límites de la interpretación. La posición, el orden, la ubicación son condiciones del autor. Hay una dominancia generativa que su articula, la mirada de lo horizontal a lo vertical que no es intercambiable, como no lo es la naturaleza y el código de las imágenes. El campo abierto a la imaginación interpretativa de las imágenes en la serie Restos es patrimonio del lector, pero el autor no arbitra un campo abierto de concesiones. El autor de Restos sabe perfectamente que todos vemos, y que ese ver es constructivo. Es el imperio de la existencia, que sobrepasa a lo real.

La serie Restos alude no tanto a lo que se resta cuanto a lo que queda del referente. Es la emergencia simulada del pasado en el presente, el reconocimiento explícito de lo que ha existido y se resiste a perderse definitivamente, por eso Restos es grieta en la iconicidad persistente de la imagen fotográfica; es huella, casi herida, de un punto de emoción particular; es desvelamiento del ser bajo la capa figurativa; es grito contenido de la abstracción, resultado caprichoso de las concentraciones del color, la forma y la textura.

Restos es una señal del pasado, la muesca de una naturaleza exterior que evoca el subconsciente provocando que la percepción convoque a un sentimiento interior y profundo. Sin definir contornos, alude al momento, al instante indeciso, a la puesta en escena de las cosas que fueron.

Cada imagen de Restos se comporta de distinta manera ante la percepción, pero todas tienen en común un aire de familia que acaba llevando a la profundidad del color, de la luz y de la sombra, donde se encuentra la grieta.

La grieta es la promesa del conocimiento oculto que tiene la imagen y se desvela, primero en la mirada con un atisbo de imagen figurativa que no sabes explicar, pero que al descubrir empiezas a comprender, no sólo por lo que la grieta enseña y promete, sino por lo que dice toda la imagen.

Se impone a la mirada ese “punctum” que golpea tu atención y tu emoción en Restos. Una respuesta que te hace gozar o sufrir. Es el inicio de la búsqueda, de la explicación, del significado y del sentido que toma la imagen para uno mismo.

Por la lectura de la imagen, se puede llegar a ser clarividente, pero difícilmente racional, descriptivo o expositivo. Ese punctum en Restos es la llaga que se impone entre el pasado, que fue y el futuro por el que se ve ese pasado. Los restos son la memoria de las cosas cuando ya las cosas apenas son.

Restos es lo que queda, pero también lo que nos queda, y en ello no solamente reconocemos la realidad, sino que nos reconocemos en ella. Ya que somos restos de lo que fuimos y presencia de lo que seremos.

Restos es la presencia de la ausencia. Cuando la figura se ha disuelto en el azaroso devenir del tiempo, entonces queda la representación de lo persistente, de lo que resiste a la caída total. El azogue del espejo deja su marca de aniquilación del simulacro. Cuando se mira ya se ha abolido la figura, pero los restos certifican la existencia de los trazos.

La grieta es una apertura en el corazón de las cosas y el “ punctum”, la manifestación del dolor de su descubrimiento. Las imágenes se rebelan contra el imperio de la analogía. Es la caída en el abismo temporal la que fija los últimos residuos, como pista de la reinvención de las imágenes que antes fueron cosas. Lo que queda de la analogía asoma por los resquicios, las protuberancias, las rasgaduras, la pátina… y busca una nueva forma de figuración. Pero con la sucesiva destrucción icónica se pierde también la esencia de las cosas.

Las imágenes, Restos, ya son otras imágenes, nuevas formas de estar en el presente. La nueva identidad se la concede la fotografía de los restos, imagen ya de la certera parva temporal en que se acribillan las últimas señales de las cosas. Nos queda entonces la abstracción y, sin embargo, Restos rescata metonímicamente la figura y en ella, por analogía, la memoria insinuada de las cosas.

Francisco García García
Catedrático de Comunicación Audiovisual y Publicidad
Departamento CAVP II
Facultad de Ciencias de la Información (UCM)

 

Real Sociedad Fotográfica

Tres Peces 2 – Madrid

www.rsf.es

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