LEVE, BREVE ÁFRICA

El próximo día 3 de Febrero se presentará el libro LEVE, BREVE ÁFRICA en la Galería Ivorýpress de Madrid.

©®Evaristo Delgado

©®Evaristo Delgado

TRES MIRADAS, UN PAISAJE

 ©®Jose Mª Diaz-Maroto

©®Jose Mª Diaz-Maroto

Que la fotografía es mirada más que técnica u oficio, incluso más que oportunidad o azar, es algo que todos los fotógrafos conocen por más que algunos se empeñen en olvidarse de ello. La obstinación por hacer arte en vez de fotografiar, que es lo que siempre hicieron los fotógrafos, junto con el afán por tener un estilo propio en lugar de dejar que éste surja libremente por sí mismo (algo que muchos profesionales de la fotografía comparten con los de las otras artes tradicionales o novedosas) ha llevado al ejercicio de escribir con luz, que es en lo que consiste aquella, a un absurdo pretencioso que se resumiría perfectamente con ese antiguo refrán que ridiculizaba el afán de muchas personas por “poner el carro antes que los bueyes”. Que la fotografía es mirada y después oficio o arte (o simple técnica ensimismada) es algo que, por fortuna, los tres autores de este libro han entendido desde siempre, de ahí su singularidad. Que tres amigos antes que fotógrafos, que tres fotógrafos además de viajeros y exploradores (entendida esta palabra en su significado justo: el del que explora nuevos terrenos, no necesariamente geográficos) hayan cogido un avión y se hayan ido a Marruecos con la doble intención de viajar por el país y, a la vez, fotografiarlo, aparte de constituir una pintoresca anécdota (no es normal que los fotógrafos trabajen en compañía y muchos menos con compañeros), supone una confirmación del entendimiento de la fotografía como lo que verdaderamente es: mirada y tiempo frente al paisaje. La contemplación de sus trabajos así lo demuestra sobradamente. Mirándolos sin atención, se advierte ya su enorme distancia, su fabulosa diferenciación, pero, cuando uno se detiene en ellos y contempla una por una, como si fueran cromos o calcomanías modernas, las fotografías de cada uno de los tres fotógrafos, uno comprueba hasta qué medida la mirada de cada uno es distinta, así como su sensibilidad, sus gustos y preferencias, todo eso que determina la identidad y la visión de las cosas. Entre Manuel Sonseca, José María Díaz‐Maroto y Evaristo Delgado hay más distancia de la que imaginan ellos. Para Manuel Sonseca, de entrada, la fotografía sigue siendo en blanco y negro, lo cual no es una elección, puesto que nadie elige una cosa así por más que el propio fotógrafo pueda creerlo (si el fotógrafo trabaja en blanco y negro es porque le gusta así y, si le gusta fotografiar así, eso es por algo que escapa a su voluntad: su biografía o su formación, o las dos cosas al mismo tiempo, por ejemplo), del mismo modo en el que nadie elige los temas, sino que los temas le eligen a uno, como bien sabe cualquier pintor o escritor. Y, en segundo lugar, para Sonseca la fotografía es poesía más que pintura o, por decirlo de una forma más precisa, el halo de las imágenes pesa más que su figuración. Lo cual unido (halo más blanco y negro, poesía más narratividad formal) conforma un sentimiento singular y melancólico que hace de sus fotografías paisajes más soñados que reales, imágenes más inventadas que extraídas de la realidad. Algo que Manuel Sonseca comparte con los fotógrafos de los años treinta y cuarenta norteamericanos y con determinado cine, ese que aún no sabía, o no podía saber, que el mundo tenía color. El color en José María Díaz‐Maroto es justo, por el contrario, ingrediente sustancial de su mirada. Por eso, sus fotografías se apoyan en él, como las de Sonseca en la irrealidad del gris, y por eso el color impregna al espectador que se asoma a ellas, llenándolo de fantasía. Maroto capta la realidad como es, sin ninguna intención de transformarla, o por lo menos no de forma consciente, y ese hiperrealismo es precisamente su particularidad más significativa, una particularidad que le diferencia de sus compañeros más que a estos dos entre ellos. En la mirada de Díaz‐Maroto, la exuberancia, la sensualidad, el apogeo de la vida cotidiana marroquí, se convierte en el ojo como si fueran tintes o fogonazos y en las que la melancolía del tiempo, presente en toda fotografía, apenas se advierte, al revés que en las de sus compañeros. Por último, Evaristo Delgado, el tercero en discordia (no en el orden de mis preferencias, sino por aparición en la escena de mi relato), es el que más se aleja de sus compañeros (el blanco y negro y el color, la sensualidad y la melancolía al fin y al cabo no dejan de ser dos caras del mismo mundo) por el afán constructivista de sus imágenes, fruto posiblemente de su formación académica como ingeniero. Para Evaristo Delgado, la geometría del paisaje es lo que define éste más que cualquier otro aspecto y en base a ello lo fotografía, haciendo que su mirada se adapte a esa geometría que el espectador, al final, no sabe si está fuera o dentro del ojo. Decía Ortega y Gasset que el paisaje, aparte de elementos y colores, tiene una concepción geométrica y, en ese sentido, cabe decir que Evaristo Delgado es Orteguiano por más que sus fotografías sean modernas o, en la terminología de aquél, vanguardistas. Esa pulsión entre el clasicismo y la provocación formal, entre la fotografía y la línea, es lo que hace sus imágenes sorprendentes, como sorprendente es la ausencia de vida visible en ellas. La geometría y sus sombras son las que nos cuentan todo. Así pues, tres miradas y un paisaje o, por decirlo de mejor forma, tres fotógrafos y un mundo son lo que se nos ofrece en este libro común cuya singularidad estriba, aparte de en su presentación estética, su belleza formal y conceptual, en unir tres ojos diferentes, tres miradas, tres estilos, para, a través de esos tres estilos, comprender mejor nuestra condición. Porque el paisaje (el de Marruecos aquí, pero valdría cualquier otro) no está fuera de nosotros, sino dentro, en ese cuarto oscuro del espíritu en el que sólo entra la luz de nuestros sueños, que es la imaginación.

Julio Llamazares

 ©®Manuel Sonseca

©®Manuel Sonseca

Libro de artista con 21 fotografías impresas en pigmentos minerales sobre papel Hahnemühle Photorag de 308 gramos, barnizadas a mano con spray protector, protegidas con papel cristal y textos en papel Old Milk de 135 gramos. Encuadernación en hoja suelta cosida con hilo, tapa dura entelada en seda salvaje con guardas y cabezadas. Todos los libros se encargan con sello holográfico y carta con marca de agua de Hahnemühle. Cada libro se acompaña de una fotografía original de cada autor de 42×29 cm. impresa con pigmentos minerales sobre papel Hahnemühle. Cada libro tendrá una caja con estampaciones de seda en cartón e incrustaciones de latón. Autores Manuel Sonseca José Mª Díaz-Maroto Evaristo Delgado Textos Julio Llamazares Manuel Sonseca Datos de la edición 17 ejemplares Precio de venta 1.248,00 € Disponibles a la venta 10 ejemplares Datos de interés Dirigido por la empresa de edición Siete de un golpe. Presentación 3 de febrero (jueves) en IvoryPress Presentado por Julio Llamazares con la presencia del diseñador Gabriel Corchero, los autores y Gonzalo Romero como director de arte. Se realizará un breve audiovisual con obra de los autores durante el acto de presentación. En el acto de inauguración estarán presentes los autores acompañados del escritor Julio Llamazares, de Gabriel Corchero diseñador del libro y del editor de arte Gonzalo Romero de Loresecha. Este libro de artista contiene 21 fotografías impresas con tintas de pigmentos minerales sobre papel Hahnemühle Photo Rag de 188 gr. libre de ácido y barnizado a mano. Encuadernanción en hoja suelta cosida con hilo y tapa entelada en seda salvaje. Cada libro se acompaña de tres fotografías originales, una por autor, de 42 x 29 cm. firmadas y numeradas. Edición en caja.

Un libro de coleccionista que vale la pena tener.

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