NADA DURA SIEMPRE

Nada dura siempre: Iñaki Domingo (2001-2011) presenta siete proyectos fotográficos que reflexionan sobre la fragilidad, la finitud y el paso del tiempo.

La Galería Inés Barrenechea acogerá la muestra entre el 2 de junio y el 16 de febrero en el marco del Festival PHotoEspaña 2011.

Inauguración: jueves 2 de junio a las 20.00 h, c/ General Arrando, 34.

Nada dura siempre 2011 ©Iñaki Domingo

Nada dura siempre 2011 ©Iñaki Domingo

Una mirada retrospectiva a diez años de trabajo como fotógrafo NADA DURA SIEMPRE. Primera exposición individual de Iñaki Domingo

Iñaki Domingo realiza su primera exposición individual en el marco del Festival Internacional de Fotografía y Artes Visuales PHotoEspaña 2011. La Galería Inés Barrenechea expone, del 2 de junio al 16 de julio, una selección de trabajos fotográficos y audiovisuales realizados entre los años 2001 y 2011 por Iñaki Domingo.
La exposición invita a profundizar en la mirada del autor, en un viaje introspectivo en el que éste ha ido desarrollando un lenguaje propio con el que provoca al espectador, planteándole reflexiones acerca de la fragilidad de su contexto y la finitud de las experiencias, las ideas y la vida.

El lunes 30 de mayo a las 13:00 h tendrá lugar una preview de la exposición en la que el fotógrafo Iñaki Domingo hará un recorrido por las imágenes de la muestra acompañado por la galerista y coleccionista Inés Barrenechea. La exposición se inaugurará oficialmente el jueves 2 de junio a las 20.00 h.

La exposición está planteada como una mirada retrospectiva del propio autor a sus 10 años de trabajo en el medio de la fotografía. A través de más de un centenar de imágenes en diferentes formatos, el autor presenta sus series más importantes, como Mi madre (2001) o Primer encuentro (2005); dos proyectos inéditos, Desaparición progresiva de mi moto a partir de pequeños hurtos (2010) y Nada dura siempre (2011); y dos libro autoeditados, El ojo en la llaga (2008) y Vía de la Cruz (2011), que reflexionan en torno a la propia experiencia del autor y su encuentro consigo mismo y con el mundo.

El proyecto que da nombre a la muestra, Nada dura siempre (2011), se encuentra en proceso; se trata de una serie compuesta por 3 fotografías, un vídeo y un texto que documentan una pequeña paradoja, la acción de eliminar de forma definitiva un tatuaje que contiene la palabra “siempre” de su propio antebrazo.

Desaparición progresiva de mi moto a partir de pequeños hurtos (2010) mezcla instalación y fotografía en un proyecto que surge de la observación de cómo le van sustrayendo piezas a su motocicleta a lo largo de varios meses. Cada nuevo robo se transforma en una perforación en las fotografías, jugando con la falta simbólica y la física.

El trabajo que da comienzo a su trayectoria artística, Mi madre (2001), es un trabajo de marcado carácter introspectivo y está compuesto por 20 fotografías en miniatura. En esta serie, Iñaki Domingo plantea las bases del que será su lenguaje visual y la función que éste tendrá para él: una herramienta para entenderse, para hacerse comprender y para indagar en su propio contexto.

Esta primera investigación consistió en retratar la rutina diaria de su madre, un día a día marcado por las lesiones cerebrales que sufrió a causa de un accidente de tráfico. Las imágenes indagan en el uso de la mirada como un instrumento de diálogo entre ojos conocidos. Hoy se abre al público ampliando la conversación al tema de la función de la fotografía.

La serie Primer encuentro (2005) está formada por 22 polaroid que retratan la pantalla del ordenador, mostrando imágenes de mujeres desnudas, escenas de sexo explícito que el autor convierte en imágenes ensoñadas que retratan las obsesiones contemporáneas de la sociedad de consumo.

En Entropía (2009), el fotógrafo aborda una búsqueda en la que trata de detectar situaciones que tienden a un equilibrio caótico, como una metáfora de sus propias experiencias personales en un momento vital gobernado por el desconcierto.

La muestra la completan dos libros autoeditados, El ojo en la llaga (2008) y Vía de la Cruz (2011). El primero recoge 75 instantáneas que son el producto de su práctica como fotógrafo compulsivo de su propia vida y su contexto, movido por la intención de desdibujar los límites entre lo privado y lo público, entre lo fotográfico y lo vital.

El libro Vía de la Cruz (2011) está compuesto por 12 imágenes, mezcla de fotografías de medio formato y polaroids, que retratan el último viaje del fotógrafo al lugar de vacaciones de su infancia, un viaje sentimental que recoge la memoria de este lugar antes de que desapareciese de su vida.

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