Robert Doisneau

Hasta el 26/06/2011

Robert Doisneau

©Robert Doisneau

En el marco de TANDEM París-Buenos Aires 2011 se presenta en la Sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta una muestra del gran fotógrafo francés Robert Doisneau. Mundialmente conocido por su famoso “Baiser de l’Hotel de Ville”, Doisneau empezó a desempeñarse como fotógrafo en el mismo lugar donde había nacido en el 1912: los suburbios de la capital francesa, entre la ciudad y el campo. Era la época en la que París le ganaba terreno a las afueras impulsando radicales evoluciones de lo urbano y de la vida cotidiana. Con 137 fotografías originales, la muestra ofrece un amplio panorama de la obra de Robert Doisneau. Se destaca su mirada humanista sobre los suburbios y su gente, los chicos, la guerra, el París de la posguerra y también… los besos.

Cronista sin fisuras de una época que asistió al desalojo de la gente humilde de los barrios populares de la capital, que vio cómo los campesinos en busca de un empleo venían a engrosar las filas de los que padecían el mal alojamiento de la periferia parisina y los habitantes del suburbio eran empujados más allá de los límites de las antiguas fortificaciones de París, Robert Doisneau, a su vez oriundo de ese suburbio que jamás abandonará, se afirmó como el poeta enternecido pero lúcido de esas transformaciones urbanísticas y el bardo de las poblaciones que las padecían.

Apenas salido de la Escuela Estienne donde había aprendido el grabado y el dibujo, lo invade el deseo de recorrer París y su suburbio que, como lo dice el viejo adagio que de buena gana cita, “es un teatro donde se paga el asiento con tiempo perdido”. Debutan entonces esos largos vagabundeos, esas observaciones lúcidas pero enternecidas del pueblo llano de París y de su suburbio; ya las pequeñas casitas de suburbio, con sus paredes de ladrillos, su jardincito cercado y su huerto de donde se exhalaba el olor al repollo, símbolos de una vida sencilla y apacible, desaparecían porque la ciudad avanzaba inexorablemente, y los arrendadores de caballos se borraban ante los tranvías y los autobuses. Hubo que destruir las antiguas fortificaciones, arrasar la “zona” con sus tugurios y su miseria, acondicionarla y urbanizarla para dar paso a una red  de habitaciones baratas donde se amontonaban las familias en una comodidad relativa y una promiscuidad que iba a provocar los graves trastornos de ese fin de siglo.

Doisneau, muy influido por las reflexiones sobre el urbanismo y la arquitectura defendidas por Le Corbusier, comprende la necesidad de estas transformaciones pero presiente la urgencia de testimoniar la vida cotidiana del habitante del suburbio: la espera del autobús, la preocupación por los huertos de legumbres, los primeros pasos de los niños, los esparcimientos del domingo, el conejo o la gallina que se vigila celosamente en tiempo de guerra, y todos esos juegos de niños que hacen de la “zona” un territorio maravilloso.

Todas esas pequeñas naderías, todas esas observaciones, sin embargo, no impiden que Doisneau, el humanista, considere también lo que ocurre con la vida en la capital, ya se trate de momentos de emoción con la caída del caballo, de ternura con la serie, por otra parte puesta en escena por la revista Life, de los “besos”, de elegancia con la entrada en la Ópera o de humor con esas diversas secuencias: El Louvre donde los visitantes observan a Mona Lisa, los espectadores ante la vidriera del anticuario que expone un cuadro de mujer desnuda o el pintor del Pont des Arts. Otras tantas escenas tomadas del natural por un artista que sabe describir con humor pero también con gravedad, con ternura o con pesar, la vida sencilla de los parisinos, y que consagró una gran parte de su vida y de su arte a los humildes habitantes del suburbio hasta fines de los años cincuenta, suscitando emoción, diversión y nostalgia.

Centro Cultural Recoleta,  Junín 1930 – Sala Cronopios Recoleta, Ciudad de Buenos Aires, Argentina

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