Miguel Tejero

La idea de que un fotógrafo tiende a repetir la misma foto constantemente es algo que empiezo a constatar, no cabe duda de que la fotografía puede ser algún tipo de terapia personal, o al menos una búsqueda obsesiva dentro de uno mismo.

Mi foto recurrente trata de la relación con los espacios, el concepto de “no lugares”, y en última instancia las relaciones humanas, aunque pueda parecer paradójico en este trabajo por su ausencia. Cabe añadir que ésta es una primera parte donde los espacios se ven despojados de seres humanos, y en la segunda parte en la cual trabajo actualmente, son los humanos los que se ven despojados de entorno, descontextualizados.

Del 15 de marzo al 9 de abril de 2012

©Miguel Tejero

©Miguel Tejero

Descontextualizar es una manera particularmente interesante de subrayar el hecho cotidiano, de abstraerse de lo conocido para verlo con un nuevo sentido crítico.

Es especialmente interesante el hecho de que los referentes conocidos dan sentido al decorado vital del ser humano, en su inemensa mayoría poco preparado para inventarse su propio decorado, pero son momentos como los actuales cuando se pone de manifiesto que la “felicidad prometida” ha resultado fraudulenta y se hace necesario desarrollar la capacidad perdida para inventar nuevas propuestas, nuevas relaciones, nuevos espacios.

Miguel Tejero

Madrid 2012

 

Hoy iba de camino al trabajo pensando en mis temas absurdos de siempre (ya sabes, el sentido de la vida, las cadenas de ADN, los agujeros negros y cómo se relaciona todo) y levanté la cabeza.

Pensarás que no es algo como para decir: ¡Ooooh! Pero créeme que sí. Parece mentira que pase cada día por el mismo sitio, esquivando a las abuelitas con sus bolsas del súper que parece que tienen polivalencia y el poder supremo del espacio de la acera y entre los charcos, el iPhone que se me subió el volumen y me pegué un susto que no veas y un tipo que me empujó porque iba con más prisa que yo, ¡así todo a la vez! ¡Uy, mira! Ahí estaban las cuatro torres nuevas estas tan pretenciosas. No sé, para mí que se emocionaron mucho en construir todas esas moles para luego qué. Están ahí plantados como pasmarotes, que si al menos los cristales sriviesen para mirar si el modelito que has elegido es el adecuado. En fin, que si te das cuenta están ahí plantados como diciendo ¡Aquí estoy! pero andan más vacías que las cabezas de algunos que yo me sé (que es curioso, pero ellos también son muy de decir ¡Aquí estoy yo! para luego nada de nada. Ya sabes de qué te hablo).

Fantasmas y más fantasmas.

Y nos creemos modernos, que vivimos en la abundancia. En serio, que todo esto en el fondo me da mucha pena, porque el portero de al lado me dijo que se iba a trabajar a la torre de en medio pero no, que ya se cuidan ellos mismos de que no entren ladrones.

Aunque por un momento también te digo, que me quedé impresionada. No sé si se me cayó la baba y todo. Es que son muy grandes.

Y eso, que luego vino Miguel y me dijo: ¡Anda, hazme un texto! y sólo se me ocurre pensar que yo lo que quiero es vivir en Nueva York, que allí al menos atan los perros con longanizas.

Eva Casanueva

Real Sociedad Fotográfica (calle Tres Peces número 2, Madrid).

 

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