Del 8 de Mayo al 30 de Junio de 2012.
Horario: 11:00 a 14:00 y 16:30 a 20:30 h.
Inauguración: martes 8 de Mayo de 2012, 20.00 h.

Schlachtfelder, 2009—2010 (detalle)

Jürgen Klauke es una figura clave del arte de hoy y muchas de sus creaciones forman parte desde hace tiempo del repertorio más conocido del arte contemporáneo, en el que ha ejercido una enorme influencia a lo largo de los últimos treinta años. Su obra, permanentemente fluctuante entre la atracción y el rechazo extremos, despierta a un tiempo fascinación e irritación. Klauke es uno de los artistas que antes se han valido de la fotografía como un instrumento propio de expresión artística y pocos son los que han explorado con tanta coherencia, empeño y versatilidad como él las posibilidades y límites del medio abriéndolo a campos todavía inéditos. Su trabajo ha puesto muy explícitamente el acento en la diferencia de género, evidenciando de modo radical el problema de la identidad con imágenes a veces sumamente provocativas.

Al mismo tiempo que Robert Morris y Bruce Naumann, y antes que Cindy Sherman, Klauke adoptó el cuerpo humano como soporte concreto para la expresión de ideas artísticas y lo constituyó en objeto y vehículo de su trabajo. Igualmente introdujo en las artes visuales métodos y modos de representación que eran absolutamente insólitos en el momento de su aplicación inicial. Por ejemplo, el empleo de pautas narrativas tales como la secuencia cinematográfica, o muy especialmente el recurso al tableau, compuesto de imágenes independientes susceptibles de ser «leídas» en cualquier dirección, tanto en un sentido formal como de contenido.

Su indagación le llevó también a descubrir el gran formato fotográfico y a plasmar sus ideas artísticas en unas series de imágenes de grandes dimensiones cuando la praxis fotográfica de otros artistas aún se desenvolvía mayoritariamente dentro de un marco más convencional. En ningún momento a lo largo de su trayectoria —permanentemente caracterizada por rupturas y reformulaciones radicales— ha atendido a las expectativas de los criterios imperantes. Sus trabajos, de gran tamaño, han ido siempre a contracorriente de las tendencias artísticas del momento: los de la primera época por violar tabúes sociales de una manera consciente y operar con métodos agresivos y subversivos; los ulteriores, por conservar intacta una ambición cada vez más rara dentro del arte contemporáneo y no aceptar incorporarse a ninguna de las corrientes predominantes.

Dentro del comercializado mundo del arte su obra se presenta como una mole errática, tenaz y masiva, pero dotada también de una fuerza vibrante y sensual. Una fuerza que instintivamente cautiva al espectador de sus ciclos de imágenes. Por esa misma razón resulta difícil definir a un artista como Jürgen Klauke empleando la terminología al uso en la crítica de arte. Sus imágenes y series no encajan en ninguna de las categorías habituales y desbaratan los esquemas familiares. Justamente por tratarse de un artista innovador se requiere un análisis atento que esté a la altura del reto que plantea su obra. Las dificultades surgen ya en el mismo proceso de producción. Aunque pinta y dibuja, Klauke no es un pintor, y desde luego tampoco es, en absoluto, un fotógrafo, pese a lo cual el segmento más significativo de su trabajo lo componen conjuntos fotográficos. Él personalmente idea sus temas, los desarrolla y lleva a la práctica y después se transforma en director de la realización visual de su concepto, y hasta llega también a intervenir a menudo (al menos hasta hace poco) como actor en su puesta en escena.

Por su método de trabajo Klauke podría compararse con alguno de los grandes creadores cinematográficos como Buster Keaton, Claude Chabrol o David Lynch. Incluso suele hacer falta un laborioso casting antes de que su equipo pise el estudio y concrete en imágenes la visión del artista. Existe además otra semejanza con el cine: el personaje central encarnado por el artista —personaje que en los inicios vestía de modo a veces exótico y estrafalario y que desde la segunda mitad de los años setenta del siglo pasado luce unos pulcros y algo presuntuosos trajes negros—, aun teniendo sin duda algo que ver con él, no es idéntico a la persona de Jürgen Klauke. Sería pues un craso error entender sus obras como una especie de autorretrato. Como mucho lo eran, de forma aproximativa, las series y secuencias más antiguas. En realidad se trata de cuadros sociales condensados, de reflejos del otro, y, por tanto, también de quien los contempla. Más exactamente, son imágenes de distorsiones y síndromes sociales y psicológicos, exacerbados a veces hasta lo grotesco o subrayados irónicamente.

En su arte, Klauke nos recuerda cosas elementales: los cortocircuitos y anomalías de la comunicación humana; la pérdida creciente del sentido de la vida; el tedio y el vacío paralizador de una existencia incompleta, sin olvidar las seductoras amenazas a la identidad física y mental derivadas de la violencia sutil de los medios, así como la progresiva tecnificación de todos los ámbitos de la vida, incluido el territorio del cuerpo humano. Cuando a veces la ironía del artista frena el acoso de este programa, su testimonio es más de desesperación que de distanciamiento y provoca en el espectador no una sonrisa de liberación, sino una repentina comprensión y conocimiento de sí mismo. En el «otro» de la obra artística de Jürgen Klauke uno se encuentra con su propio yo.

Galería Helga de Alvear

Doctor Fourquet, 12
28012 Madrid

Anuncios