Hans Bellmer Le Jeux de la Poupee

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http://youtu.be/4WpzjIRh1Jk

La Muñeca (‘La Poupée’); simulacro y anatomía del deseo en Hans Bellmer
Lic. Rosa Aksenchuk 1 – Universidad de Buenos Aires (extracto)

Fuente: http://www.observacionesfilosoficas.net/lamuneca.html

En los años 30, tiempos revolucionarios tanto artística como políticamente, se anudan las mallas de la red que va a atrapar a las mujeres en marcha hacia la emancipación y asignarlas a una dependencia de un nuevo tipo: la dependencia erótica, fuera de la ley, consentida o constreñida, en nombre de la libertad sexual. La operación se condujo con mayor o menor violencia pero partiendo siempre del mismo principio: el de la revolución sexual que trabaja el objeto. La crisis del objeto (estético) de la que habla Breton es en primer lugar la crisis de Ese oscuro objeto de deseo que da título a la película de Buñuel. De las herencias de la construcción cortés, la de la inaccesibilidad, revisitada por los simbolistas (G. Moreau, F. Rops y Mallarmé con su Hérodiade), se pasa al programa de la accesibilidad absoluta.

Así es como en Hans Bellmer -en su Pequeña anatomía del inconsciente psíquico- aparece la construcción del objeto del deseo, del objeto provocador como instrumento de experimentación, como solución de identidad testimoniada por las obras: dibujos, grabados, fotografías y texto: La Pequeña anatomía y la Muñeca, que es el tema del Artículo de la Lic. Rosa Aksenchuk que aquí presentamos.

Hans Bellmer nace en 1902 en una familia burguesa de Katowice (Polonia). Su padre, un ingeniero electricista muy puritano – adherido al partido nazi desde 1933, aspiraba a que sus hijos accediesen a la misma carrera que él. A manera de reacción, Bellmer abandona a partir de 1920 sus estudios de ingeniero y decide consagrarse en 1924 a la pintura, bajo la influencia de Otto Dix, Paul Klee y los dadaístas de Berlín. Fue, además, escultor, dibujante publicitario y un apasionado lector de Freud y Baudelaire.

En 1933 Bellmer construye una Muñeca, simulacro de mujer (en un tamaño casi real de 1m. 40), hecha de papel y pegamento, la esculpe, la pinta, le fabrica articulaciones. Con la asistencia de su hermano, la pone en escena en bosques y en jardines, y realiza una serie de fotografías. La Muñeca adopta poses, en situaciones eróticas, dramáticas, sadomasoquistas. Bellmer le impone toda clase de metamorfosis, y la Poupée fascina a los surrealistas; los dibujos del artista acompañan las exposiciones del grupo. En 1935 se publican las fotos en la revista Minotaure, bajo el título: “Variaciones sobre el montaje de una menor articulada” y, al año siguiente, el propio Bellmer edita el libro Die Puppe.

Al igual que la muñeca, que no es una representación femenina, y en tanto juguete remite a la infancia, donde la vida y la muerte no son contradictorias, los dibujos de Bellmer hacen referencia a la no diferenciación sexual del niño. En 1927, Bellmer recibe una caja expedida por su madre que contiene sus juguetes de niño. Dirá más tarde: “probé entonces el sentimiento atroz de perder mi vida desde la edad del juicio.”

Nacida del interés del artista por el psicoanálisis, la Muñeca es una mezcla compleja de influencias que llegan a veces hasta contradecirse. Objeto erótico y sensual, es a la vez un objeto mórbido y violento. En esta fascinación indeterminada por sentimientos contradictorios, pueden coexistir junto con la sensualidad y el erotismo, la muerte. (la muñeca conviertiéndose en mujer muerta).

De su Muñeca, marioneta desarticulada, hace fotos, en contextos. Una forma de inscribir el fantasma en la realidad de casas y jardines. Y a partir de 1953, será Unica Zurm – escritora y pintora alemana, admirada por grandes artistas del surrealismo quien habrá de convertirse en su mujer-muñeca, cuando Bellmer la conozca en Berlín Oeste, (en una exposición de cuadros de Unica).

La Muñeca, es una antigua historia de autómatas. En el siglo XVII, Jacques de Vaucanson confeccionaba patos, animales-máquina. En el siglo XIX, tras la Copelia de Hoffmann y la Eva Futura de Villiers de l Isle Adam, la muñeca encomendada por Kokoschka lo decepciona: no tiene la suave piel de Alma Malher. El encargo de una muñeca-mujer, fue la preocupación de Pigmalión por su Pandora.

De Unica, Bellmer escribirá en 1964 en una carta dirigida al doctor Gaston Ferdière: Puede verse en mí al tipo de hombre con antenas que captan a la futura mujer víctima. Falta saber si he detectado en Unica a una víctima3. La búsqueda de Bellmer no es la de un objeto perdido, a través de sus sucesivas encarnaciones, sino el cuestionamiento del objeto encontrado: la mujer víctima.
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German photographer, sculptor, printmaker, painter and writer. As a child he developed fear and hatred for his tyrannical father, who totally dominated his gentle and affectionate mother. He and his younger brother Fritz found refuge from this oppressive family atmosphere in a secret garden decorated with toys and souvenirs and visited by young girls who joined in sexual games. In 1923 Bellmer was sent by his father to study engineering at the Technische Hochschule in Berlin, but he became interested in politics, reading the works of Marx and Lenin and joining in discussions with artists of the Dada Movement. He was especially close to George Grosz, who taught him drawing and perspective in 1924 and whose advice to be a savage critic of society led him to abandon his engineering studies in that year. Having shown artistic talent at an early age, he began designing advertisements as a commercial artist and illustrated various Dada novels, such as Das Eisenbahnglück oder der Antifreud (1925) by Mynona, in a style influenced by Grosz.

When the Nazis gained power in 1933, with his father among their keenest supporters, Bellmer announced that he would give up all work that even indirectly could be useful to the State. He began his new career as an artist by building a life-size Doll (destr.) inspired by nostalgic memories of his secret garden and by a production of Jacques Offenbach’s Les Contes d’Hoffmann; it was designed to fulfil his need to escape from reality and to arouse desires associated with the secret sexual encounters of his adolescence. By its provocative eroticism it would strike a blow against tyranny and authority. This first Doll, built with the help of his brother from broom handles, metal rods, carved wood and plaster of Paris, contained a small panorama enabling scenes lit by a torch bulb to be seen through the navel. Bellmer published ten photographs of this work as Die Puppe (Karlsruhe, 1934), accompanied by a short introduction in the form of an intricate prose poem in which he clearly demonstrated how the seemingly innocent games of the young child had developed into the far from innocent sexual fantasies of the adult.

Bellmer felt artistically isolated and vulnerable in Berlin, where far less provocative works had been branded degenerate by the Nazis (see Entartete Kunst). Having read about Surrealism in art magazines, he sent a copy of Die Puppe to André Breton and Paul Eluard in Paris; the publication of the photographs in the Surrealist magazine Minotaure in December 1934 caused enormous excitement among members of the group, who immediately appreciated the Doll as an ideal Surrealist object because of its conjunction of desire and revolt. Bellmer was acclaimed and adopted by the Surrealists during a short visit to Paris at Eluard’s invitation in February 1935. In the wake of his visit he published a French translation of his book (La Poupée, Paris, 1936) and contributed photographs and drawings to the major group exhibitions of Surrealism in the late 1930s; a street of his elaborate mannequins was featured in the Exposition Internationale du Surréalisme at the Galerie Beaux-Arts in Paris in 1938.

Bellmer’s success with the Surrealists gave him a new confidence. In summer 1935 he amended his Doll (Paris, Pompidou) with ball-joints to give it increased mobility; the stomach was represented by a large sphere around which could be articulated two pelvises, each with its own legs and feet, enabling Bellmer to go far beyond naturalistic representation . The limitless possibilities of what he termed his ‘experimental poetry’ were demonstrated in a volume of hand-tinted photographs, Les Jeux de la poupée (Paris, 1949), incorporating poems by Eluard and in other such photographs presented as independent works (e.g. The Doll,c. 1937–8; London, Tate). The expressions of suffering and pain in many of these depictions of the violated Doll resonate with visual references to martyrdoms in Renaissance art and to staircase scenes in German Expressionist cinema. When Bellmer escaped from Nazi Germany to Paris in 1938, his Doll was among the few items that he was able to take with him. He produced further variants of this sculpture throughout his life: notable examples include the Machine-gun in a State of Grace (1937, remade 1961; New York, MOMA) and Doll (aluminium, h. 464 mm, 1936, remade 1965; London, Tate).

After World War II Bellmer concentrated on meticulous drawings and prints, many of which illustrated erotic texts by the Marquis de Sade, Heinrich von Kleist, Charles Baudelaire, Georges Bataille and the poet Unica Zurn, his companion of 16 years; these books included A Sade (Paris, 1967) and Madame Edwarda(Paris, 1965), illustrating Bataille’s text. He also wrote L’Anatomie de l’image (Paris, 1957) in which he explained the mental processes that determined his work. He enjoyed particular success and recognition, in terms of exhibitions and books about his work, during the last 20 years of his life. While his work was sometimes condemned as violently misogynistic, it was also treated sympathetically by at least one feminist critic, Xavière Gauthier, and by writers and critics such as Jacques Lacan, Claude Lévi-Strauss, Michel Butor and Patrick Waldberg.

Peter Webb
From Grove Art Online

FUENTE: http://www.moma.org/collection/artist.php?artist_id=452

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